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¿Qué pasa cuando nuestra misión es el cuidado de la salud de otros?

En el desempeño de las diferentes ocupaciones, existen empleos que presentan mayores riesgos de salud mental que otros. Tal es el caso de algunos profesionales de la salud, quienes en la Pandemia por el COVID-19 que vivimos en este momento, son protagonistas de uno de los mayores retos que ha vivido la humanidad reciente, ya que están a cargo de la salud de muchas personas en el mundo que hoy están hospitalizadas por presentar complicaciones médicas asociadas a dicha enfermedad. Es muy probable que hoy día muchos médicos y enfermeros que están al frente del reto que representa el cuidado de la salud de personas enfermas por el coronavirus, presenten emociones, pensamientos y conductas asociadas con trastornos como la ansiedad, la depresión y el estrés.
Sentir ganas de llorar, rabia, temor o miedo a contagiarse, incertidumbre, irritabilidad, tristeza, frustración, impotencia, sufrimiento, insomnio, fatiga, agotamiento físico y emocional puede ser muy común en este momento para estos profesionales que día a día se enfrentan con factores de trabajo caracterizados por la sobrecarga de exigencias emocionales, demandas estrictas para evitar el contagio, limitaciones para el apoyo a emocional al paciente, cantidad excesiva de trabajo por la demanda de pacientes que atender, limitación en los recursos requeridos para desempeñar el trabajo y jornadas extensas de trabajo. Frente a esta situación, es posible que se incremente el riesgo de la automedicación con la intención de mitigar los síntomas (ansiolíticos, antidepresivos e inductores de sueño), pudiendo incrementar igualmente hábitos poco saludables como el consumo de alcohol y tabaco, realizando conductas para “alejarse del dolor” que pueden realmente conducirlos a padecer otros problemas de salud.
Si eres profesional de la salud y estás viviendo este tipo de situaciones, ¿qué puedes hacer?
- El primer paso es darte cuenta de lo que te está sucediendo y reconocer la emoción que estás viviendo en este momento. No es fácil sentirse triste, ansioso, molesto, frustrado en el trabajo y mucho menos sentir impotencia por no poder ayudar a salvar más vidas. Reconoce que esta situación te afecta.
- Sé compasivo y comprensivo contigo mismo, tú también eres un ser humano que siente. Mantén presente que has salvado la vida de muchas personas.
- Autoevalúate, es necesario que revises qué conductas estás realizando para afrontar lo que estás viviendo, por ejemplo evalúa si estás automedicándote o si has cambiado tus hábitos alimenticios y el consumo de sustancias.
- Involúcrate en reuniones frecuentes con tus compañeros, expresa lo que sientes y valida con ellos como se sienten y qué han hecho para afrontar lo que están viviendo.
- A pesar de la exigencia en la carga laboral debes descansar física y emocionalmente. Revisa con tus compañeros las estrategias que pueden utilizar para cumplir con tiempos de descanso, te necesitan sano física y emocionalmente para que sigas salvando vidas. Se ha demostrado que la fatiga crónica afecta significativamente la salud incluso la toma de decisiones, lo cual es clave en el desempeño de tus labores.
- Alimenta tus redes de apoyo social. Aunque es una realidad que estamos en un momento de distanciamiento físico, no te alejes de tu vida social, utiliza la tecnología para mantener comunicación con tus redes de apoyo social, alimenta los vínculos sociales con tu familia con tus amigos. Se ha demostrado que el apoyo social de calidad es un excelente amortiguador de efectos negativos en la salud.
Cuida tu salud mental y bienestar en todos los ambientes de tu vida, también en tu trabajo. Si necesitas orientación sobre este tema u otro en específico, ¡Hablemos!
Lic. Nancy Marchán