Ansiedad, Depresión, Estrés, Psicología

Cómo un pensamiento genera un efecto en tu cuerpo, tus acciones y en lo que sientes

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Imagina que vas caminando por una calle y te das cuenta que vas solo. Se está haciendo de noche y apresuras el paso porque empiezas a pensar “¿y si alguien sale y me hace daño, si me roban?” inmediatamente tu cuerpo, tus acciones y tus emociones reaccionan a ese pensamiento. Comienzas a mirar a los lados y hacia atrás. Tu corazón se acelera, te sientes muy tenso y te da mucho miedo. De repente notas que viene hacia ti una persona con el paso acelerado, ¿Qué pasaría? Es posible que el miedo se incremente, se te acelere aún más el corazón, sientas sudoración y sientas un nudo en el estómago. Entonces, notas que la persona pasa de largo y se aleja de ti. En ese momento posiblemente pienses que quizá camine así porque está apresurado, y aunque todavía puede ser que te sientas inquieto, te calmas un poco.

En este ejemplo podemos entender la relación entre el PENSAR-SENTIR-ACTUAR.

Darnos cuenta de lo que nos decimos a nosotros mismos, de nuestra de cómo y quiénes somos, cómo es el mundo que nos rodea y cómo son las personas de nuestro entorno, nos dará una idea del tipo de pensamientos que tenemos. Diferentes tipos de pensamiento producen diferentes efectos en el estado de ánimo, algunos de ellos aumentan la posibilidad de que te deprimas, te sientas ansioso, te molestes, te sientas frustrado mientras que otros aumentan la posibilidad que te sientas bien.

Los pensamientos negativos relacionados con el “yo no puedo”, “soy mala persona”, “yo no sé”, “todo lo malo me pasa a mí”, “no sirvo para nada”, “no hago las cosas bien”, “la gente es mala”, “el mundo es un desastre”, “no puedo confiar en nadie” generan emociones como ansiedad, tristeza, culpa, frustración.

¿Qué puedes hacer?

  • Revisa lo que piensas, el contenido de lo que te dices a ti mismo.
  • Cuestiona lo que estás pensando si notas que te genera mucho malestar emocional. Hacer que sean menos dañinos te puede hacer sentir mejor.
  • Intenta ser objetivo con lo que estás pensando y un poco más flexible. Por ejemplo, en vez de decirte “yo no puedo” puedes decirte “esto no lo sé hacer solo, voy a pedir ayuda”. En lugar de decirte “soy mala persona” puedes decirte “he cometido errores, eso no me hace una persona mala. Algunas cosas salen mal, pero hay otras que me salen bien, puedo aprender de mis errores”.

Y tú, ¿Cómo son tus pensamientos? ¿Tienden a ser positivos o negativos? Si necesitas orientación, ¡Hablemos!

Lcda. Nancy Marchán

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Acerca de Nancy Marchan

Licenciada en Psicología egresada de la Universidad Catótica Andrés Bello, con experiencia laboral en el área de Seguridad Industrial y Salud en el Trabajo y formación en el área de Psicología Ocupacional.

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